POSTURA 32: «DEL CERDO DE DALÍ»
Objetivo: Obtener ingresos extra con trabajos esporádicos al margen de tu actividad laboral.
¿Qué partes de tu cuerpo estimula? El más beneficiado es el sentido del gusto. ¡Hay que ver lo bien que sabe esa mariscada que te vas a meter con el sobresueldo! ¡Mucho mejor que los langostinos nigeria nos si dependieras sólo de tus ingresos habituales! Que aproveche.
El ex presidente norteamericano Bill Clinton abandonó definitivamente la Casa Blanca en 2001. ¡Ah, ese despacho oval que tantas satisfacciones le había dado! Para superar la depresión, pensó que nada mejor que empezar a ganar dinero a espuertas. A falta de cariño, unos buenos fajos de dólares es el mejor consuelo. Así que se puso enseguida manos a la obra para reaccionar a la inactividad profesional que se le venía encima, y se hizo millonario dando conferencias por todo el mundo.
Durante su primer año fuera de Washington, según el periódico The New York Times, Clinton se embolsó la cantidad de 9,2 millones de euros, a razón de 120.000 euros por sesión. Lo cierto es que son muchos los profesionales que, además de su trabajo habitual, realizan una actividad extra que pueden llegar a reportarle interesantísimos beneficios. ¿Por qué lo hacen? Muchas veces el dinero es el móvil fundamental, aunque hay quienes dicen que no es el único motivo. También influye su deseo de abrirse nuevas expectativas profesionales, incrementar su red de contactos o conseguir una experiencia que incremente su prestigio.
Pero no todo es tan de color rosa. Si no sabes gestionar con cabeza tus actividades extras, puedes despeñarte hacia una actitud enfermiza y obsesiva hacia el dinero que, a la larga (o a la corta), puede ser muy perjudicial para ti. Te convertirás en el Gollum de El Señor de los Anillos, un personaje absurdo que no supo resistir el enorme poder de atracción que el anillo ejercía sobre él. Recuerda cómo acabó: arrastrándose por fangos y lodazales, y gritando patética y desesperadamente aquello de «¡¡¡Mi anillooooo!!! ¡¡¡ Mi tesoooooroooooo!!».
Pero mucho más representativo para ilustrar esta postura es el caso del genial pintor catalán Salvador Dalí. Por eso le hemos dedicado este capítulo. ¿Y lo del cerdo, de qué va? Pues porque para él era un animal simbólico al que le dedicó algunas obras y referencias. Pero también por el conocido dicho de que «del cerdo se aprovechan hasta los andares». Una máxima que Dalí parecía seguir a rajatabla y que lo hizo millonario. Sin amigos, sin familia, solo, rodeado por una corte de especuladores carroñeros, pero eso sí: millonario y famoso. ¡Qué bien, Salvador! ¡Te damos la enhorabuena si nos lees desde tu tumba! Pues de esto es de lo que te queremos prevenir.
Dalí fue un pintor extraordinario. Eso es algo que nadie duda, ni siquiera sus más furibundos detractores. Un genio del surrealismo. Pero su obsesión por el dinero (el poeta André Bretón le puso el acertadísimo sobrenombre de «Avida Dollars») hizo que su arte degenerara en «producción industrial» a la que había que sacarle hasta la última peseta. Se perdió un gran artista y se ganó un excelente empresario. Y para ello supo explotar como nadie su papel de clown del surrealismo (la corriente artística de moda en aquel momento), sacándole todo el jugo a una creciente fama que le llevó a ser el primer español en aparecer en la portada de la revista Time, donde decía:
“La publicidad me encanta y, si tengo la suerte de que los periodistas sepan quién soy, los alimentaré con mi propio pan, como hacía san Francisco con sus pajaritos”.
Con esta declaración de intenciones, cultivó hasta sus últimas consecuencias su vena histriónica y exhibicionista. En una ocasión, se presentó en un evento artístico metido en una escafandra de buzo coronada por un tapón de radiador de Mercedes Benz, sujetando con una cadena a dos grandes perros rusos. Estuvo a punto de morir asfixiado, ya que se estaba quedando sin aire y no había forma humana de quitarle la escafandra. Hubiera sido una muerte surrealista. Pero logró sobrevivir.
Episodios como estos engrandecieron su fi gura como personaje popular, un friqui de la época, al tiempo que su arte perdía toda su fuerza creadora y su talento se iba extinguiendo. Dalí, el pesetero, se lanzó a una desenfrenada actividad para hacerse millonario. Empezó a ser admirado por los empresarios del dólar, que compraban sus obras al peso como meros objetos de inversión. Sacaba sustanciosos beneficios de cualquier mamarrachada que llevara su firma. Realizó los decorados de óperas y espectáculos. Diseñó joyas. Si la prensa quería escándalos, los tendría en abundancia; si los ricos industriales querían excentricidades, llenaría de ellas su existencia; si había alguien dispuesto a pagar, Dalí estaría siempre dispuesto a actuar. Su decadencia pictórica era ya alarmante, pero supo seguir explotando el filón de su fama. Empezó a trabajar para Hollywood y a hacer publicidad en televisión para las marcas que querían contratarlo.
En la televisión española llegó a hacer una campaña contando las excelencias de las camisas Ike, de Tervilor. ¡Sublime! El genial pintor hacía tiempo que había muerto, pero él, como un zombi obsesionado por el dinero, seguía incrementando su fortuna. Los profesionales que se lancen por el resbaladizo terreno del dinero fácil (“¡Mi tesoroooo!”) tienen que valorar si quieren evitar la POSTURA DEL CERDO DE DALÍ. Eso sí, tendrán que asumir hasta sus últimas consecuencias una de las lapidarias frases de Dalí cuando ya le quedaba poco de vida:
¡Oh! Sería maravilloso que todos los retretes se atascaran y la mierda se desbordara, inundando todo el museo.
Sería un espectáculo enteramente daliniano. Y no nos engañemos. La historia de Dalí, que puede parecer ajena, es una perfecta metáfora de la situación por la que pasan hoy muchos profesionales en la empresa española. ¿Habrá suficientes anuncios de camisas Ike para todos ellos?
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© 2009 Fernando Montero y Rafael Galán © Ediciones Gestión 2000 Centro Libros PAPF, S.L.U. Grupo Planeta Barcelona, 2009 ISBN: 1 Depósito legal: Preimpresión: A.P.G. Estudi Gràfi c, S.L. Impresión: BROSMAC, S.L. Impreso en España – Printed in Spain Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamos públicos.
